El trabajo es una fuente, no solo de recursos, sino también de dignidad y felicidad para el hombre. Pero esta vez no voy a argumentar con mis palabras, sino que voy a usar un cuento:
“Dicen que una vez, un hombre caminaba por el costado de una construcción de una capilla y vio a tres albañiles trabajando en ella. Decidió acercarse al primero y preguntarle: ¿Por qué hace esto?- El hombre respondió: Porque tengo que alimentar a mi esposa y a mis hijos.
Se acerco luego al segundo hombre y le hizo la misma pregunta y este respondió: Por que me gusta y no tengo nada que hacer.
Al acercarse al tercer hombre, y hacerle la misma pregunta que a los otros dos recibió esta respuesta: “Porque quiero levantar un Templo para todos aquellos que quieran orar”.
El trabajo no es malo, mala es la forma en la cual lo tomamos. En mi caso, por ejemplo, sueño con convertirme en un profesor de historia, y pienso poner todo de mí para educar a las futuras generaciones, y en realidad, no creo que ninguna máquina pueda educar (transmitir de forma objetiva valores y conocimientos) mejor de lo que lo puede hacer una persona.
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jueves, 15 de enero de 2009
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